20 de febrero de 2018

LECTURA POLÍTICA

Noé Mondragón Norato

Polémica sacerdotal
Ayer Lunes se cumplieron dos semanas del homicidio contra los sacerdotes católicos Germaín Muñiz García de Apango -quien tenía asignada la capilla de Mezcala-, y de Iván Añorve Jaimes, de la Arquidiócesis de Acapulco. A pesar de las presiones de la Iglesia a través del obispo de la diócesis Chilpancingo-Chilapa, Salvador Rangel Mendoza, las investigaciones no han encontrado a los responsables de ese proditorio crimen. Pero hay vertientes en este asunto, que no se admiten. Ni se quieren reconocer.
¿IRRESPONSABILIDAD O FRIVOLIDAD?- Hay puntos en esta trama siniestra que perturban: 1.- Más allá del estado de violencia, inseguridad e impunidad prevalecientes en la entidad, y de un gobierno estatal negado a enfrentarlos, uno de los cuestionamientos apunta hacia tresinevitables preguntas: ¿Qué hacían dos sacerdotes dedicados a servir a la Iglesia, en un baile popular donde circularon desde cervezas, vino y hasta personas desconocidas para ellos? ¿No era parte de su responsabilidad cristiana, estar resguardados en las Iglesias a esas horas de la madrugada? ¿Por qué exponerse innecesariamente, a sabiendas del peligroso clima social que se respira en Guerrero? 2.- En su cuenta de Facebook, el cura inmolado de Mezcala, Germaín Muñiz García, posa en una fotografía sosteniendo un fusil de asalto AK-47, mejor conocido como “cuerno de chivo”. A su lado, aparecen embozados y camuflados con uniformes militares, tres personajes. Presumiblemente, pertenecientes a la delincuencia organizada. Es un hecho hasta cierto punto, desconcertante. Porque como ministro de la Iglesia, estaba obligado a negarse a posar para esa impresión, en función de que el Evangelio cristiano pondera la paz y los valores morales de la sociedad. Y renuncia de tajo, a la violencia. El solo hecho de sostener en sus manos un instrumento de muerte, envía un mensaje contrario a todo lo que predicaba en los sermones durante las misas que ofició. Y pudo despertar animadversiones de otros grupos delictivos. 3.- El cura Iván Añorve Jaimés, era conocido por bohemio y compositor. Trasciende incluso, que buscaba aprovechar la tribuna del grupo musical Bronco que se presentó esa noche en Juliantla, para dar a conocer algunas de sus composiciones. Lo cual se convirtió en un acto imprudente. Como sea, la presencia de ambos en ese evento pudo estar ligada incluso, al consumo de alcohol. Por las altas horas de la madrugada en que finalizaron la fiesta y ocurrió la emboscada. 4.- El obispo Rangel Mendoza, transpira la polémica. En reiteradas ocasiones ha formulado la necesidad de que las autoridades dialoguen con los líderes del crimen organizado, “como yo lo he hecho”,  a fin de reducir la violencia. “He dialogado con los capos, con los jefes de esos grupos para que cuiden a los sacerdotes, religiosas, seminaristas”. El punto sin embargo, es que tiene dos sacerdotes asesinados. Y cuatro monjas que administraban el Colegio Morelos en Chilapa, abandonaron ese municipio por la violencia. Es decir, al obispo Salvador Rangel, no le han servido de nada esos acercamientos. Y como responsable de la diócesis Chilpancingo-Chilapa, está obligado a tener un controlsobre las actividades de los sacerdotes que la integran. Porque si el gobierno estatal presidido por Héctor Astudillo, no está respondiendo de manera eficaz en cuanto a las políticas de seguridad pública en la entidad; la Iglesia Católica en Guerrero, descuida  a su vez e irresponsablemente, todo lo que sus curas hacen tras la conclusión de su servicio cristiano. Y eso deriva en más violencia y crimen. Los hechos son tercos.

HOJEADAS DE PÁGINAS…La inclusión de la comandante de la Coordinadora Regional de Autoridades Comunitarias (CRAC), Nestora Salgado García, como aspirante al Senado por el Morena, abre paso a que otros comandantes de Policías Comunitarias, sigan su ejemplo. Y por ese resquicio se cuelen también, algunos destacados miembros de la delincuencia organizada. Y si no, al tiempo.