20 de febrero de 2018

Abrevando

José Antonio Lavín Reyna
“Todo mal gobierno es, a la larga, contrario al propio interés”: Bárbara W. Tuchman.

La marcha de la locura
La periodista Bárbara W. Tuchman,  es autora de varios libros, en el titulado la Marcha de la locura -De Troya a Vietnam- 2013 Editorial RBA, aborda la omnipresencia de la insensatez y la irracionalidad de los hombres, que es hija del poder, a grado tal que “el poder de mando frecuentemente causa fallas del pensamiento, que la responsabilidad del poder a menudo se desvanece conforme aumenta su ejercicio”. En su obra se refiere a la insensatez de los hombres como la absurda renuncia de Moctezuma a su imperio en 1520 y el ataque de los japoneses a Pearl Harbor, esa insensatez y las demás, tienen un común denominador,  el empecinamiento por parte de los gobiernos y en particular de individuos obsesionados, en políticas contrarias al interés general, a pesar de tener la posibilidad de recurrir a otras alternativas viables. Como historiadora  puso casos de una relevancia que prácticamente deja estupefactos a los lectores.
Los hombres nos hemos acostumbrado a observar gobiernos tiránicos, ambiciosos, incompetentes, es recurrente que nos olvidemos de los insensatos. Pero la práctica de esto no tiene que ver exclusivamente con gobiernos; va más allá y alcanza tanto a organizaciones de toda índole, partidos y actores políticos.
A lo largo de los últimos dos meses la escena nacional, en particular la que atañe al proceso de competencia por el poder presidencial que se va a dirimir este año, se ha podido constatar que la falta de sensatez es un común denominador presente en las principales formaciones partidarias y sus más relevantes actores. En la lógica de seguir una línea del pensamiento de Maquiavelo, sin que estos asuntos tengan que ver con la moral o la ética,  es posible sólo narrar lo que tiene que ver con el ejercicio para posicionarse en pos de la conquista o la preservación, del poder político, en este caso un poder que no ha dejado de estar barnizado, esencialmente de un sentido imperial que nos viene desde la época de los Austrias, que fueron amos y señores desde los tiempos de Carlos V hasta mediados del siglo XVIII, cuando llegó la casa borbónica.
De esta insensatez da muestras tanto el carcomido partido de Estado –el PRI- y sus satélites–, como sus oponentes del PAN y MORENA.
El PRI,  cuando la política y el poder han dejado de ser lo que fueron, cuando ya todo mundo tiene visualizadas practicas detestables, que se desea desaparezcan, Enrique Peña Nieto abrió un proceso sucesorio a la vieja usanza, recurriendo hasta el último momento al tapadismo y al dedazo.
El que iba a ser –aunque conocíamos el ramillete– estaba oculto, hasta que el ahora empequeñecido dedo índice de la cima del poder cayó sobre el cuerpo del ungido. De suyo esto, en los tiempos que corren, es una sandez, pero poner de candidato a un hombre que ha vivido en los dos mundos  –PRI y PAN–, aparte de no militar en el que lo postula lo coloca en un grado de vulnerabilidad que lo convirtió en implorante pedigüeño a los celosos del tricolor, algo que habría hecho vomitarse a Plutarco Elías Calles: “Háganme suyo”, les dijo Meade.
En la casa azul, donde se le quema mucho incienso a Manuel Gómez Morin, aunque en la realidad se desentiendan de su pensamiento conservador y a la vez afecto a la democracia liberal. Es una vieja y sabida historia: el PAN se alimenta del antipriísmo, de una contradicción que ya no es ahora lo que fue en los años dorados del autoritarismo y, por tanto, la falta total de razón y discurso la encontramos con varios rostros: por una parte, Anaya es aval de Meade, para el que tiene elogios excedidos; por otra, Anaya es un cacique partidario que nada tendría que envidiar a las prácticas del canibalismo que tanto se le cuestionó a la izquierda. 
En un juego de poder que a pocos puede engañar, piensa que los ropajes que le presta una izquierda escandalosa y deslavada como la del PRD lo puede catapultar a la silla presidencial. No se trata tanto de referir las famosas mezclas entre agua y aceite, sino subrayar las emulaciones que devienen de aquí, porque, más que discrepancias, las pugnas de intereses no se hacen esperar y el electorado las visualiza.
Ahora vamos con MORENA, el partido se adscribe a la izquierda, en la geometría en boga se le ubica ahí, a pesar de los claroscuros en cuanto a agendas fundamentales, como sería el compromiso democrático, el nuevo perfil del constitucionalismo fincado en una cada vez más compleja división de los poderes, que rebasa su visión trinitaria, el Estado de derecho, la rendición de cuentas, el mundo de la globalidad en el que vivimos y la obligada y nueva visión en la defensa de los intereses nacionales.
Se dice que actúa con un pragmatismo, que no está divorciado obligadamente de la política pero que debe de acotarse. MORENA utiliza una táctica que en esencia busca desfondar al PRI y no se han puesto a pensar en un par de cosas, los puristas neoliberales le reprochan que ha hecho alianzas que restan y desfiguran: el PES y el gordillismo, por poner dos evidencias. Los más puros pensadores de la libertad, se rasgan las vestiduras debido a que abrió una vía regia a actores políticos que si no hicieron nada en el pasado que no fuera traicionar a la República, nada garantiza que lo hagan en el futuro. Con madera tan torcida no se pude hacer nada derecho.
Algo Más…
Oído al pasar, antes se escribía sobre la violencia en Estados Unidos, idiosincrasia distinta, aunque con mismos resultados: sangre derramada a causa de los demonios que se forman, repito, por la inacción de las autoridades y el alcance de la violencia de los criminales. En nuestro país vecino poco se ha hecho para modificar la ley que permite el fácil acceso a las armas. En México poco se hace para que el combate al crimen sea una estrategia que ataque muchos frentes. Le tienen pánico al debate de la legalización. Aunque seguro no tanto como el de los mexicanos que viven en territorios altamente peligrosos. Y mientras eso sucede, es la sangre de inocentes la que se derrama. Y esa tanta sangre, esos tantos muertos, están destruyendo a una velocidad cada vez más agobiante la médula social de este país…
CCCLXXIV.- En Iguala, nuestros mesías de la profecía le apuestan a vender sus letras y voces a los candidatos que ya fueron derrotados en sus aspiraciones de gobernar al municipio. Ahora, nos dicen en sus cantarinas voces y excelsos escritos, que esos perdedoras ya aprendieron que se debe repartir dinero a manos llenas: pollos, pavimentaciones, logradas con dinero público, le apuestan a que sus futuros gobernados son esa masa amorfa que no logra comprar su canasta básica, que requiere de un espacio en la calle, de una despensa, gorras y playeras y un billete para ir a las urnas, sin que les importe el origen del billete. Esos son los votantes, los candidatos saben que las clases medias y altas, poco participan. Tenemos un presidente que no respetó protocolos de seguridad. Poco le importó el temblor de 7.2; él siguió con su pachanga. Feliz el hombre de tener en Iguala la feria más importante de México. Vaya con el presidente.

Hasta la vista.