PATADAS BAJO LA MESA

PATADAS BAJO LA MESA

Moisés Ocampo Román

ARMANDO CHAVARRIA.

A Armando Chavarría Barrera lo conocí desde siempre. Vecino de la colonia 24 de Febrero; y además, mi madre, que es enfermera partera, le dio su primera nalgada. Eran pobres; no extremadamente, pero sí sufrían para salir adelante. Al paso del tiempo la situación fue cambiando. Armando estudió la Preparatoria de paga “24 de Febrero”, así que muchas veces pasaba por mi Farmacia, siempre bien alineado y peinadito. Ya en la Universidad Autónoma de Guerrero, siendo jefe de grupo y viviendo en la casa del estudiante empezó a destacar como líder estudiantil. Con sus constantes demandas al gobierno logró muchas cosas para la casa de muchos estudiantes del estado y de otros, pero también beneficios para la ciudad universitaria.

La muerte de Armando Chavarría no ha tenido ninguna explicación, ni tampoco quienes son los asesinos intelectuales y quien le disparó en la cabeza dándole muerte.

La ex procuradora de justicia, Martha Elba Garzón Bernal, al renunciar al cargo dejó muy claro que el asesinato del diputado Chavarría Barrera “está resuelto, es cosa que el gobernador lo dé a conocer…”, palabras menos, palabras más, lo cierto es que la licenciada Garzón fue contundente.

Quienes acusan al ex gobernador Zeferino Torreblanca Galindo de haber mandado a matar a Armando, entre ellos David Jiménez Rumbo, quien de repente se quedó callado sin explicación alguna, no deben andar tan errados, puesto que en los corrillos del Palacio Guerrerense es de lo que se habla, aunque el ex gobernador lo niega, y en un principio dijo que la investigación se iba en la línea del supuesto crimen pasional, lo cierto que es un crimen sin resolver.

Las pocas veces que platiqué con Armando, por cierto en la casa de su compadre Javier Mota Pineda, aquí en Iguala, estaba seguro que la próxima gubernatura sería ganada por el. En ese mismo evento platicó mucho tiempo con el ahora síndico y primo de Javier, el anfitrión, Mario Castrejón, donde seguramente hablaron del apoyo a este último a la alcaldía de Iguala.

Debo aclarar que Armando Chavarría jamás fue mi amigo. De hecho debo confesar que me caía mal. Por eso, ese día en la casa de Javier poco platicamos; se me hacía un tipo pagado de sí mismo, y además con un antifaz de buena gente y de buen político que sólo era eso. A 5 años de su muerte y todavía sus viudas políticas como el payaso de David Jiménez Rumbo andan como alma en pena, porque la fuerza política sólo la tenía el difunto.