14 de marzo de 2018

Abrevando


José Antonio Lavín Reyna
“El gobierno no se ha hecho para la comodidad y el placer de los que gobiernan”: Conde de Mirabeau.

Ideología y partido.
Mis sufridos lectores me preguntan con frecuencia el por qué no escribo sobre política. Y las razones son varias: Primero, porque no sé me da escribir acerca de ese tema; segundo, porque hay quienes lo haces muy bien, baste leer a algunos buenos analistas de talla mundial a través de una PC con internet; me parece que con ello es suficiente. ¿Qué más se puede agregar? amén de la simple constatación de los hechos. Segundo, existen varios espacios noticiosos que solo generan refritos de la información emitida por los gobiernos. Tercero, porque tal pareciera que se trata de cábalas, una especie de adivinación, como en el hipódromo, imaginación y, no sé si haya hasta quinielas. Y, por último, aun reconociendo la importancia de la política, me he vuelto desafecto a ella, (o a ellos). Y, además, hay cosas más importantes sobre las que nadie escribe.
Máxime estando ahora en medio de la refriega y de la crispación de las campañas políticas en nuestro país y cubierto nuestro cielo de objetos arrojadizos de toda índole, es aventurado escribir con responsabilidad sobre el tema. Entonces una espesa niebla lo cubre todo y los buenos ciudadanos despertaremos, allá por el mes de julio, con tamaña sorpresota. Cualquiera menos el que usted esperaba.  Y vendrá la guerra postcampañas. Sin embargo, nada nuevo bajo el sol. Comparto con usted un texto que puede hacer suyo cualquiera de nuestros enjundiosos candidatos a cualquier puesto de cualquiera elección:
«Era natural que el nuevo movimiento únicamente pudiese esperar asumir la importancia necesaria y obtener la fuerza requerida para su gigantesca lucha, en el caso de que desde el primer momento lograra despertar en el alma de sus partidarios, la sagrada convicción de que dicho movimiento no significaba imponer a la vida política un nuevo lema electoral, sino hacer que una concepción ideológica nueva, de trascendencia capital, llegara a preponderar.
Se debe considerar cuán paupérrimos son los puntos de vista de los cuales emanan generalmente los llamados “programas políticos” y la forma como éstos son ataviados de tiempo en tiempo con ropajes nuevos. Siempre es el mismo e invariable motivo el que induce a formular nuevos programas o a modificar los existentes: la preocupación por los resultados de la próxima elección. Se reúnen comisiones que “revisan” el antiguo programa y redactan uno “nuevo”, prometiendo a cada uno lo suyo. Al campesino, se le ofrece para su agricultura; al industrial, para su manufactura; al consumidor, facilidades de compra; los maestros de escuela recibirán aumento de sueldo; los funcionarios, mejoramiento de pensiones; viudas y huérfanos, gozarán de la ayuda del Estado en escala superlativa; el tráfico, (vehicular, obvio), será fomentado y regulado; las tarifas, experimentarán considerable reducción y hasta los impuestos quedarán poco menos que abolidos.
Apoyados en estos preparativos y puesta la confianza en Dios y en la proverbial estulticia del cuerpo electoral, inician los partidos su campaña por la llamada “renovación” del X.
Pasadas las elecciones, el “señor representante del pueblo”, elegido por un periodo de cinco (cuatro o seis) años, se encamina todas las mañanas y llega, por lo menos, hasta la antesala donde encuentra la lista de asistencia. Sacrificándose por el bienestar del pueblo, inscribe allí su ilustre nombre y toma, a cambio de ello, la muy merecida dieta que le corresponde como insignificante compensación por este su continuado y agobiante trabajo.
Al finalizar el cuarto (tercero o  quinto) de su mandato, o también en otras horas críticas, pero especialmente cuando se aproxima la fecha del término de las legislaturas, invade súbitamente a los señores diputados el inusitado impulso y las orugas parlamentarias salen, cual mariposa de su crisálida, para ir volando al seno del “bien querido” pueblo. De nuevo se dirige a sus electores, les cuentan de sus labores fatigantes y del malévolo empecinamiento de los adversarios (la oposición). Dada la granítica estupidez de nuestra humanidad, el éxito no debe sorprendernos. Guiado por su prensa y alucinado por la seducción del nuevo programa, el rebaño electoral, tanto “burgués” como “proletario”, retorna al establo común para volver a elegir a sus antiguos defraudadores.
¡Nada más decepcionante que observar todo este proceso en su desnuda realidad!
La lucha política, en todos los partidos que se dicen de orientación burguesa, (ya sea derecha o izquierda, que algún nombre hay que darles), se reduce en verdad a la sola disputa de escaños parlamentarios, en tanto que las convicciones y los principios se echan por la borda cual saco de lastre; los programas políticos están adaptados, por cierto, a tal estado de cosas. Estos partidos carecen de aquella atracción magnética que arrastra siempre a las masas bajo la dominante impresión de amplios puntos de vista y bajo la fuerza persuasiva de fe incondicional y de coraje fanático para luchar por ellos».
Sorpréndase usted, lector contumaz; este texto, entrecomillado, fue escrito en la prisión de Landsberg Am Lech, prologado el 16 de octubre de 1924. (Mein Kampf. 2ª Parte, cap. I). Su autor, un señor llamado Adolfo Hitler, dedica la obra a 16 ciudadanos masacrados en Múnich por reclamar justicia. Arriba, donde aparece una X, el texto original dice: Reich.
¿Qué les pareció a mis lectores esta perorata? ¿Algo nuevo? ¿Algo que usted no supiera, ya, con sobrada experiencia?
Algo Más…
Hay personas que dejan huella; hay personas que trascienden, y también lo opuesto, individuos que pasan por la vida sin dejar marca alguna. Si usted es una persona masoquista, seguramente votaría por quien ya le engañó cuando fue gobierno, con promesas que no cumplió, que fue corrupto, no tonto, que aprovechó el poder para acrecentar su patrimonio familiar y ver crecer sus negocios particulares. Piénselo.
CCCLXXIX.- Los días pasan y ninguna autoridad del municipio dice algo del ecocidio cometido por personal de Parques y jardines al tirar una frondosa acacia y un robusto guamúchil, los cuales desafortunadamente para ellos, estorbaban la visibilidad de una tienda departamental ubicada por el Periférico sur. Poco le importa al piloto del barco, ese sólo quiere acrecentar su ya cuantiosa fortuna. Es la ecología, estúpidos.
Los igualtecos callados nos vemos más bonitos.
Sabías que: según encuestas en el país vecino, más del 50% de las personas que trabajan no están a gusto en su empleo, les disgusta. Imagínate los Lunes por la mañana cuando se dirigen al mismo, ni pensarlo.
Hasta la vista