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7 de junio de 2017

Abrevando

José Antonio Lavín Reyna
“Quien quiera tener la fruta, debe subir al árbol”: Proverbio.

El riesgo de acusar a todos como chayoteros

Durante un largo tiempo y a pesar de la “supuesta alternancia” en los gobiernos de la República Mexicana, sigue la creencia de que quienes ejercen el periodismo son “chayoteros”; es decir, que la publicación de una nota se deriva de un “chayote” o “embute” por parte del funcionario que desea publicitarse. Algunos periodistas señalan que todo lo anterior contribuye a la satanización del gremio periodístico.
El problema es que la construcción de ese mito genial cae en una gran inconsistencia: uno es el medio de comunicación y otro es el periodista que trabaja para el medio; son dos entes distintos. Quien negocia y obtiene contratos publicitarios es el medio, no el periodista.
Es evidente que, como empleados de un medio de comunicación, los periodistas o conductores de noticias deban seguir instrucciones de sus jefes, o de los propietarios del mismo.  En todo caso, existen casos de medios que tienen una política de denuncia de las actividades gubernamentales, en ese caso el gobierno, es absolutamente responsable de su relación con los medios de comunicación y sus propietarios.
El tema es bastante complejo porque incluye de lleno conceptos bastante elevados tales como la libertad de expresión, el derecho a la información, la ética periodística, la libertad de prensa y la democracia, pero también es necesario incluir otros elementos un poco más pragmáticos, tales como la relación laboral entre medios y periodistas, la necesidad de empleo y presencia mediática, el derecho a un empleo o profesión dignos, así como el derecho –y obligación– a mantener un hogar. Nada fácil pues.
Obtener ese difícil balance entre lo conceptual y moral, es lo que ha hecho, desde siempre, muy compleja y atropellada la relación entre los gobiernos y los medios de comunicación, pero también es el factor que ha logrado equilibrar la información que recibe la sociedad.
El periodismo es una actividad que, por sí misma, independientemente de que quien la realice sea o no profesionista en el área, tiene sus límites muy bien definidos y el más importante es que, quien escribe o informa, es absolutamente responsable de lo que dice. En tal sentido, siempre enfrentará unipersonalmente las consecuencias de sus escritos o publicaciones, sean positivas o negativas.
La sociedad no debe de ignorar que el periodista es un ser de carne y hueso. Que vive, que respira, que sufre. Es una persona que vive los mismos problemas que lo del resto de la población, y aún más, porque debido a su trabajo se somete a jornadas laborales excedidas, a presiones fuera de lo normal y, sobre todo, en muchos de los casos expone su propia integridad física para obtener la información que luego debe dar a conocer.
A través del trabajo periodístico la sociedad mexicana se ha podido enterar de grandes tragedias, de casos excepcionales de solidaridad humana, de enormes avances científicos, de amenazas climatológicas o ambientales, de condenables actos de corrupción política, de las actividades de la delincuencia, en fin… A través del esforzado trabajo periodístico, la sociedad conoce un poco mejor el mundo que le rodea.
Por todo ello, sería bueno que las personas que se dedican a esta labor, traten de dignificarla, que ningún funcionario o servidor público los vea como quienes se acercan para obtener de él una declaración desde su investidura oficial a cambio de una dádiva, para que de esta manera el trabajo periodístico no sea manchado con mitos y leyendas. Pero también sería muy deseable que la misma sociedad, distinga y reconozca la importancia del trabajo periodístico en general.
No hay periodistas buenos ni malos, unos enfocan determinada visión, otros visualizan otra, pero todos al final de cuentas, le dan al usuario lo mismo: información valiosa para su toma de decisiones. El periodismo malintencionado no existe. Es un mito que solo favorece a quienes no desean darle cuentas claras y amplias a la sociedad. Es solo un escondite para evadir la responsabilidad de informar oportunamente a quienes gobiernan.
Dejemos que sean, los operadores del gobierno del Estado y del Municipio apliquen la “Técnica Goebbels” (repetir algo las veces que sea necesario, hasta que se convierta en verdad) a través de los medios de comunicación masiva con los cuales tienen firmados convenios con sus dueños y  municiones propagandísticas en abundancia, entre otras una legión de columnistas, de antaño a sueldo de los gobiernos.
El principio de orquestación, utilizado por Joseph Goebbels en la Alemania Nazi, señalaba que la propaganda debe limitarse a un número pequeño de ideas y repetirlas incansablemente, presentarlas una y otra vez desde diferentes perspectivas, pero siempre convergiendo sobre el mismo concepto. Sin fisuras ni dudas. De aquí viene también la famosa frase: "Si una mentira se repite lo suficiente, acaba por convertirse en verdad".
Algo Más…
Metiéndonos a todos en mismo costal, los gobiernos pretenden desacreditar el trabajo periodístico, haciendo creer que algunos de los que ejercemos el derecho a la información, somos personajes que propalamos noticias falsas o exageradas sobre determinado tema, y tratan de crear el mito de que solo pretenden obtener extraños y grandiosos poderes, sin conceder que en algunos casos lograran imbuir en las personas el que se interesen en los sucios negocios del gobierno en turno.
Por ejemplo, cuando Astudillo visita Iguala para entregar fertilizante gratuito, el director de CAPASEG se atreve a señalar que colocaron 2500 tomas domiciliarias, de otra línea de agua potable de la compuerta a la planta potabilizadora y que ésta estaba en posibilidad de darle 300 litros por segundo a las líneas de la ciudad, así como obras de drenaje, sobre las tomas, la gran mayoría no funciona, se ven los tubos verdes sobre las banquetas sin que funcionen, respecto a la planta potabilizadora, éstas solo tienen la capacidad de tratar 100 litros por segundo cada una, no dan para más y en temporadas de lluvias su rendimiento decrece.
CCCXVI.- Cuando en una sociedad predominan las familias en pobreza y otras casi rondan la pobreza extrema, sus miembros son presa fácil del analfabetismo que los lleva a ser la carne de cañón de las dádivas gubernamentales y por ende de su control para ser acarreados en las votaciones. Por ello a los gobernantes no les interesa realizar acciones que los saquen de su pobreza, de hacerlo perderían los votos cautivos.

Lo que nos lleva al círculo vicioso de la corrupción e impunidad, ya que, a las familias en pobreza poco les interesa, que cada trienio o sexenio, el dinero público siga creando millonarios, ya que a estas familias solo les interesa seguir obteniendo migajas de lo robado,  que les permite paliar sus necesidades. Imagínese, hay gente dispuesta a los peores desfiguros por una concesión del transporte. Hasta la vista.