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23 de junio de 2017

Abrevando

José Antonio Lavín Reyna

La tradición de la corrupción.
La ciudad de Iguala, al igual que muchas de nuestra República, están entrampadas en sus problemas: las autoridades de los ayuntamiento cada día demuestran más su ineficiencia en todos los sentidos: ineficiente servicio de recolección de basura, congestionamientos a cualquier hora del día, hoyancos por doquier, falta de señalamientos viales, falta de nomenclatura en las calles, deficiente servicio de alumbrado público, mercados y parques públicos en abandono, la inseguridad galopa con homicidios, robos con violencia, extorsiones y para completar, la promesa de que no habría corrupción es una farsa, pues ahora todos sabemos que se despachan con la cuchara grande, acción que acompañan con la impunidad al tener, la mayoría de los alcaldes a sus familiares y amigos en los puesto donde se reparten el dinero y, como ni entienden lo que es una organización tan complicada como un ayuntamiento, no  quieren ni pueden resolver la problemática de la población.
Debemos recordar que el presidente Peña Nieto en una convención se quejó de la corrupción, señalando que no se podría resolver por ser un asunto de cultura de nuestra sociedad. Así de golpe y porrazo, pobres y ricos nos encontramos y medimos con la misma vara.
Sin duda, la campaña de Peña Nieto para convocar y convencer a todas las fuerzas políticas (izquierda, derecha, centro) para instrumentar y dar forma a las distintas reformas estructurales: financiera, energética, hacendaria y educativa, parecía que también podría encabezar la lucha contra la corrupción e impunidad del país.
Yendo al grano: La corrupción en México se la debemos básicamente a las prácticas del PRI que gobernó al país 80 años seguidos  y sigue siendo gobierno en algunos Estados  por más de noventa años. La actitud irrespetuosa del priismo a un incuestionable respeto a realizar administraciones honestas,  nunca ha sido parte del diccionario priista. Y de ahí viene la cantaleta de que gobernar con esmero el manejo de las finanzas públicas sólo queda para países de alta cultura política.
Nos dicen que los pueblos más civilizados tienen y mantienen gran respecto por la honestidad, por cultura, por tradición y respeto a su responsabilidad de gobernante.
Lo que conlleva en el decir de Peña Nieto que  las corruptelas son parte producto de la incultura, de la ignorancia de los pueblos, sin trayectoria democrática e históricamente poco respetuoso de sus leyes y sus normas, así que por costumbre, el pueblo mexicano arrastra consigo la deshonestidad, el presidente Peña Nieto tiene razón.
¿Por qué es culpable el PRI? Durante sus gobiernos, se acuño la lamentable frase o pensamiento en muchos de mis amigos priistas muy reveladora: con cinismo enorme llegaban a expresar: “Yo sólo pido que me pongan donde hay,  de lo demás yo me encargo”. O aquel otro pensamiento de muchos priistas, sobre todo: “Cuando yo llegue al gobierno vi que todos robaban, yo me dije: Y yo por qué no”. ¿Te das cuenta?
Por ello, gobernar a una multitud de pobreza generalizada, a una muchedumbre que no tiene ni tiempo ni cultura para exigir las cuentas claras al gobierno, permite la existencia de administraciones, como la de Javier Duarte en Veracruz, que les resulta en absoluto muy fácil manotear los fondos públicos a su antojo. ¿Acaso México no tiene salvación al respecto?
Al escribir, los columnistas no podemos ser apolíticos, tal aberración sería imposible.
Algo Más…
Muchas de las generaciones posteriores a la segunda guerra mundial, sabemos que nuestros padres vivieron una etapa histórica cuando la educación pública era la mejor y casi única forma de movilidad social que tenían los mexicanos pobres. Como sabemos, la herencia, la cuna, es la vía para diferenciar a las clases sociales. Para ser rico en este país, se requiere nacer en familia pudiente. La otra vía es el dinero sucio o la corrupción. Eso de la cultura del esfuerzo no deja de ser retórica. La herencia es la palanca que genera la mayor desigualdad social.
Lo que sí es cierto es que hubo otros tiempos, cuando la educación era una vía de ascenso de las clases desposeídas hacia las clases medias. Estudiar una licenciatura permitía acceder a un empleo bien remunerado. Ser trabajador al servicio del Estado era una garantía de una mejora social insuperable por otras vías legales. Fueron los años cuando nuestro país crecía a tasas del 7% anual. Todo eso terminó hacia mitad de la década de los setenta.
Sin embargo, acceder a la educación pública no era tarea fácil. Muy pocos lo lograban. Quizás eso no ha cambiado tanto como pensamos. Pero en los años cuarenta era una odisea terminar la instrucción básica y salir de las comunidades alejadas e irse a estudiar a un pueblo, a una ciudad. El crecimiento de la infraestructura educativa fue del centro a la periferia. Los niños que lograban concluir la primaria se iban a estudiar muchas veces a los internados que había en algunas ciudades. Era tiempos muy difíciles para los jóvenes de aquellos años.
Pese a todos aquellos problemas, los mexicanos lograron superar atrasos, menos el combate a la corrupción e impunidad.
CCCXXI.- Colonias sin agua, drenajes derramando sus aguas negras, canales sucios y malolientes, colonias sin nomenclatura, con calles llenas de lodo, jóvenes sin posibilidades de tener empleo, comerciantes extorsionados; sin embargo Herón Delgado declara, Iguala avanza a paso firme, lo que sin duda es una simulación de gobierno.

Por cierto, el Director de Reglamentos y Espectáculos, en aras de la transparencia, le debería informar al pueblo cuánto dinero recibe de la empresa de publicidad que poco a poco, sin importar la contaminación visual que produce, ha colocado por toda la ciudad sus espectaculares. Sería lo correcto y luego que intente regular el sonido y el horario de los bares. Lo demás vendrá después.  Hasta la vista.