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15 de mayo de 2017

LECTURA POLÍTICA

Noé Mondragón Norato
Mi solidaridad con todos los colegas periodistas vejados y amenazados por la delincuencia.

Comisionado Nacional o alto costo político

Literalmente, el Diablo anduvo suelto todo el día del funesto sábado 13 de mayo: en la Tierra Caliente, la confrontación entre los grupos delictivos La Familia Michoacana y Los Tequileros, dejó varios camiones incendiados y bloqueos permanentes en la carretera Iguala-Cd. Altamirano; en la población de El Ocotito, municipio de Chilpancingo, un enfrentamiento a balazos entre policías comunitarios del FUSDEG y la UPOEG, arrojó un saldo de dos muertos, entre ellos un estudiante de la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la UAGro; en Acapulco, fueron incendiados 82 locales de la Central de Abasto; y por la noche, en el tramo carretero del municipio de Canuto Neri (Acapetlahuaya), un grupo de hombres armados secuestró efímeramente a siete periodistas, les robó todas sus pertenencias y amenazó con quemarlos. En un solo día, la gobernabilidad del Estado volvió a salirse de control para el gobernador Héctor Astudillo Flores. Y lo que sigue, podría ser una consecuencia natural a su atípico, extraño y desconcertante estilo de gobernar.

ASTUDILLO: REBASADO.- A estas alturas, la pregunta resulta inevitable: ¿cuántos enfrentamientos, secuestros, incendios patrimoniales, amenazas contra la prensa y asesinatos políticos y de civiles tendrán que ocurrir, para que el gobierno estatal reaccione? Porque el mandatario estatal no puede seguir encerrado en la burbuja protectora del confort y la comodidad discursiva, mientras sus gobernados son víctimas recurrentes de la delincuencia organizada. Y hoy más que nunca y por la propia salud pública guerrerense, el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, está obligado a designar para esta sufrida entidad, un Comisionado Nacional de Seguridad. Por elocuentes razones: 1.- El propio mandatario estatal pidió un año de gracia para iniciar el proceso de brindar paz y seguridad a los guerrerenses. Pero ya pasó un año y medio. Y la estadística criminal se incrementó como nunca, al grado de ubicar a la entidad como campeona nacional en homicidios violentos. Desde luego que Astudillo, no admite el golpe certero de las cifras de la mortandad que lo hunden, le restan credibilidad y deslegitiman a su gobierno. 2.- El año que viene es electoral. Los comicios federales y locales van a incluir necesariamente, la participación gubernamental en cuando menos dos vertientes: A) En la designación de candidatos del PRI, que es un asunto demasiado escabroso. Porque la dirigencia estatal de ese partido, no está exenta de que le metan gol. Y se les cuele uno o varios candidatos que tengan acuerdos soterrados con algunos grupos delictivos. Como en el caso Saúl Beltrán. B) Los niveles de aceptación ciudadana con los que llegue el gobernador Astudillo, a esa contienda electoral. Esa popularidad o impopularidad del gobernante tricolor, desde luego que va a impactar en los triunfos o las derrotas tricolores. Y si la Federación no le endereza la plana designando a un Comisionado Nacional de Seguridad, lo más seguro es que el escenario sea el último. 3.- Los Grupos Delictivos y las Policías Comunitarias, ya demostraron su poder de fuego, movilización y facilidad para crear el caos y el terror. Literalmente, se brincaron y rebasaron al Estado. Prueba de ello es que en un solo día, pusieron de cabeza a todas las instituciones. El gobernador Astudillo no puede a estas alturas, seguir oponiéndose a que llegue a Guerrero, un Comisionado Nacional de Seguridad. Y no debe ser ni observarse, como capricho político de sus opositores, sino como una medida de elemental y urgente rescate a la gobernabilidad. O el agudizamiento de la inseguridad, el descontrol y la violencia, podrían medirse a través de un costo político demasiado alto para él. Y para su partido, el PRI.