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16 de mayo de 2017

El último suspiro de Kevin... en los brazos de su padre

Kevin Castro Domínguez, de 18 años de edad, una de las 2 mil 213 víctimas mortales de la violencia, registradas en el año 2016.
 
Hombres armados atacaron a balazos el pasado 9 de julio de 2016, un negocio de venta de micheladas en el que Kevin tenía apenas 3 semanas trabajando, hecho que le costó la vida.

Relata don Lamberto cómo su hijo soportó 8 balazos, sólo para despedirse…
* Joven de 18 años, una de las 2 mil 213 víctimas de la violencia en 2016

Jonathan Cuevas/API

Chilpancingo, Gro. 15 de Mayo del 2017.- Don Lamberto sintió los últimos respiros de su hijo, en el hospital. El joven de 18 años recibió ocho impactos de bala en el cuerpo, dos de ellos, a quemarropa en la cabeza. Aún así, no murió, hasta sentir el calor de su padre. 
El 9 de Julio del 2016, un grupo armado llegó en una camioneta a la calle principal de la colonia "del PRI" en la capital del Estado de Guerrero. Bajaron dos hombres y dispararon en múltiples ocasiones contra un negocio de micheladas. 
Kevin Castro Domínguez llevaba apenas tres semanas trabajando ahí. Minutos antes de la medianoche, recibió seis impactos de bala en el cuerpo, pero no murió. 
Su padre, Lamberto Castro de la Cruz, supone que la complexión delgada de su hijo y la distancia de los atacantes, evitó que le atinaran una bala en órganos vitales. Sin embargo, aunque sobrevivió a un primer ataque, los victimarios entraron al local para rematarlo. 
"A mi hijo, al joven de 18 años, le dieron ocho balazos. Se comprende que tenía la complexión muy delgada y algunos balazos no los acertaron, por lo tanto, mi hijo al moverse fue rozado en la pierna, en los brazos, en el abdomen y mi hijo no caía...", relató el hombre, al borde del llanto. 
"Por lo tanto entraron, lo tomaron de los cabellos, lo sentaron en una silla y le dieron dos balazos en la nuca. Eso fue como rematarlo, sin embargo, mi hijo no murió todavía", continuó recordando. 
Minutos después del ataque llegó la Cruz Roja, levantó al joven aún con vida y lo llevó al hospital, igual que a dos clientes que resultaron heridos. 
"...Y no murió, no murió, lo levantó la Cruz Roja y lo llevó al hospital, donde yo todavía alcancé a sentir sus últimos respiros, su despedida", cuenta don Lamberto con la mirada perdida como regresando el tiempo, mientras en su mejilla escurría la primer lágrima. 
Kevin parece haber contenido a la muerte sólo para esperar a su padre, y despedirse. 
Diez meses después, don Lamberto sigue llorando. Aglutinado al colectivo de familiares de desaparecidos de Chilpancingo, busca a los hijos de otras personas, aunque sabe que el suyo no podrá regresar a casa. No hay ni la más mínima esperanza como la tienen otros padres. Él, sólo busca justicia.
Kevin es solo una de las 2 mil 213 víctimas mortales de la violencia, registradas en el año 2016. Su familia solo es una de las 2 mil 2013 que lloran y en su mayoría, como en este caso, no han tenido acceso a la justicia ni a la reparación del daño. 
A don Lamberto le quedan sólo los recuerdos de su hijo, un joven que decidió empezar a ganar dinero por cuenta propia para aportar a su hogar, y llevaba tres semanas en su primer trabajo. 
Pero esto no le importa al gobierno de Guerrero que indaga el caso, aunque éste debería ser investigado por la federación por haber sido los victimarios miembros de la delincuencia organizada. 
En la Fiscalía del Estado le dicen a la familia que el caso está congelado porque no se tienen los suficientes indicios para continuar indagando, y que si quieren que haya algún avance, la propia familia tiene que investigar por su cuenta y aportar nuevas pruebas. De otra forma, el caso seguirá estancado. 

De esta magnitud es la respuesta de las autoridades, en Guerrero. Mientras tanto, don Lamberto seguirá llorando, recordando una y otra vez aquella triste escena en que por última vez, escuchó los suspiros de su hijo. (Agencia Periodística de Investigación).