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25 de abril de 2017

Abrevando

José Antonio Lavín Reyna
¿La sociedad mexicana es tan ingrata que no es capaz de reconocer los generosos esfuerzos de su gobierno por combatir la corrupción? ¿No entiende lo difícil que ha sido para ellos perseguir a un colega con el que compartieron el pan, el vino y uno que otro recurso monetario?

Libertad e igualdad, deberían llevarnos a la democracia.
En la actualidad, los seres humanos, hombres y mujeres, somos cada vez más libres e iguales en dignidad. Para regular nuestras diferencias, hemos perfeccionado el orden legal que se estructura bajo la denominación de democracia. No obstante, como es fácil observar, los preceptos legales si bien pueden orientar nuestras expectativas de comportamiento, no necesariamente encuentran cumplimiento en el diario devenir.
En primer lugar, el ejercicio de la libertad se encuentra delimitado por el tipo y la magnitud de activos con que cuentan las personas. Poseer bienes como una casa, contar con ingreso fijo, educación y relaciones sociales diversas, posiciona a una persona en mejores condiciones que otras.
Así, por ejemplo, una persona puede obtener un amparo ante el riesgo de ser detenida por cualesquier causa. Puede entonces, mantener su libertad. Muchas otras personas, no tienen el conocimiento ni los recursos básicos para ejercer una acción de este tipo. Por lo tanto, no se les trata de igual manera: se ejerce la ley a cabalidad. La igualdad, entonces, se encuentra también supeditada a los activos con los que se cuenta.
Lo anterior, se tiene plenamente identificado en la clase política que ante el cumulo de sus tropelías administrativas y financieras en que incurrieron, están recurriendo al amparo, para evitar rendir cuentas, eso que estamos observando  en las conductas de los políticos, seguramente se reflejarán a velocidad imparable el próximo año, en que debe cambiarse constitucionalmente de Gobierno federal y de estados y municipios sujetos al calendario obligado.
Definitivamente lo que esta sucediendo es inédito. Debido a la falta de ética en la función pública y el abandono a las instituciones, han aparecido nuevos ricos que pretenden codearse en el jet set financiero, sin haber tenido las capacidades necesarias que exigen los negocios y el trabajo arduo que muchos de estos representan. Estos ricos a mansalva francamente tendrán que devolver las fortunas adquiridas sin manos limpias, una vez que se les finquen responsabilidades producto de los hechos antisociales cometidos.
Esto ha provocado que la sociedad viva con angustia cada día; sin ingresos justos; con enfermedades sin combatir, los centros de salud cerrados o poco atendidos, basta darse una vuelta por las comunidades de los municipios  de la zona Norte para darse cuenta de ello, a lo anterior se le agrega el escaso surtimiento de medicamentos, a lo cual debemos agregar  vacíos educativos alarmantes y con jóvenes dejados a la falta de medidas apropiadas para que triunfen en la vida.
El 2018, año de la elección presidencial, debería ser además del año del cambio, el año de la transformación, porque ya desde estos días se siente el impulso del pueblo para que se implemente de la A a la Z, esa transformación de las instituciones y de la nueva faz de los políticos.
No es porque se quiera hacer, sino porque el estado social que ya se siente, lo exige y lo va a llevar a cabo hasta sus últimas consecuencias. Lo anterior lo deben meditar a fondo quienes pretendan llegar a los cargos públicos.
Los ciudadanos debemos demostrar con votos que deseamos nuevos aires soplen sobre nuestra tierra, por muchas circunstancias y esos vientos se llevarán las nubes de indiferencia que ha tenido el pueblo debido a la torpeza política y a la falta de sabiduría que se tiene para entender la transformación de un país como el nuestro que está cansado de la desesperanza. Hay que poner interés a esto. Es verdad a secas.
Algo Más…
Ahora resulta que en la Asamblea Legislativa de la Ciudad de México, están proponiendo que se castigue con cárcel a los hijos o parientes cercanos que no se hagan cargo o que no paguen los gastos de sus padres porque éstos tengan más de 60 años, lo cual es un abuso.  Por supuesto que tiene sentido meter en la cárcel a alguien que despoja o maltrata a otra persona, sin importar la edad de uno o del otro. Las leyes deben ser de aplicación general, los políticos no pueden inventar delitos sólo para ciertas clases de personas.
Muchos hijos tienen razones para distanciarse de sus padres. Es muy común, en efecto, que los padres abandonen a sus familias y las sometan a violencia y malos tratos. Obligar a una hija a mantener a un padre que no le causó más que sufrimiento en la vida es una perversidad legal.
La decisión de un hijo de apoyar a un padre puede ser loable. Muchos lo hacen de forma natural en nuestro país, donde los lazos familiares siguen siendo fuertes. He visto a varias mujeres ayudar a sus padres con trabajo físico y dinero pese no haber tenido ningún apoyo o siquiera una palabra amable de ellos con anterioridad. Pero si el Estado interviene y encarcela a un hijo por no mantener a su padre, o a algún otro pariente, estará cometiendo un acto moralmente reprobable. El gobierno debe reconocer sus límites, y uno muy importante es no inmiscuirse en las relaciones familiares.
Yo estoy cerca de los 60 años y apoyo a mis hijos, no por obligación sino porque los quiero. Faltaría a la ética más elemental si les exigiera que me mantuvieran porque yo no quise tomar previsiones para mi futuro. Yo los traje al mundo, ellos no lo pidieron.

CCCV.- Nuestro Gobernador, como lo hizo Peña Nieto ante los retos de Donald Trump, clama por la Unidad, pero nuevamente a favor de ellos. En el caso de nuestro Estado, la culpa no es de ellos, viene de tiempo atrás. Se le olvida que al solicitar el voto, señalaba que con él habría Orden y Paz. A la fecha, después de 18 meses de gobierno, no ha podido cumplir su ofrecimiento de campaña. Bueno, tampoco cumplió el de no tener familiares en su gabinete.  Al menos, nuestro alcalde nunca prometió tal cosa, por ello, tiene más de seis familiares directos en la nómina. Buena maniobra, claman Unidad, pero sin mover ninguna pieza al engranaje que no le ha funcionado. Lo que deberemos de seguir de cerca en Guerrero, son los elevados gastos en publicidad de la clase política, todos están en búsqueda de la reelección. Bueno, hasta hay regidores que sueñan con ser alcaldes. Hasta la vista.