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10 de febrero de 2017

LECTURA POLÍTICA Por Noé Mondragón Norato

LECTURA POLÍTICA
Noé Mondragón Norato

Doblegar al Estado
Al reconocer que existe “un origen misterioso” en el bloqueo por siete horas del pasado martes, a la carretera de Petaquillas, por parte de taxistas y transportistas de las rutas Tepechicotlán, Colotlipa y Mochitlán; el gobernador Héctor Astudillo Flores, no solo confirmó que no se hace trabajo de inteligencia, ni se investigan los delitos cometidos en la entidad por parte de la administración estatal que encabeza, sino que progresivamente, renuncia a su tarea de brindar seguridad a los ciudadanos. Y en consecuencia, cede terreno a la influencia y penetración de la delincuencia organizada, algunos de cuyos miembros han logrado insertarse exitosamente en las Policías Comunitarias. Los hechos son ilustrativos. Y demasiado tercos para esconderse.
GOBIERNO DE CABEZA.- Desde el pasado lunes 30 de enero, cuando ocho personas fueron levantadas por hombres armados en la comunidad de Chacotla, municipio de Mochitlán, y posteriormente seis de ellas aparecieron asesinadas, las cosas se le complicaron al gobierno estatal. Y no solo porque el número de emergencias 911 –recién estrenado con singular alharaca mediática- no sirvió de nada en ese sangriento acontecimiento, sino porque la capacidad de respuesta por parte de la Fiscalía General del Estado (FGE) fue muy lenta. Rayando en el tortuguismo y la indolencia. En este deprimente escenario, tuvieron que ser los policías comunitarios de la Unión de Pueblos Organizados del Estado de Guerrero (UPOEG), quienes llegaran primero al lugar de los sangrientos hechos. Tomándose incluso, atribuciones de Ministerio Público que no les corresponden. Pero que asumen con desparpajo y naturalidad, ante el notorio vacío de autoridad. De ahí se construyó lo demás: 1.- Después de esa masacre, la FGE como ya es su costumbre, prometió resultados. Pero como siempre, no los dio. Y como medida de prevención y a fin de enderezarle la plana al gobierno estatal y a la propia FGE, un grupo de elementos del Ejército Mexicano se instaló en la entrada de Petaquillas. Revisaban sospechosos. Hurgaban en vehículos. Incomodaron a muchos armados que se paseaban con cierta libertad en esa comunidad, envuelta en escándalos, agresiones y hasta crímenes, por disputas territoriales entre policías comunitarias. Desde luego, ese hecho le metió mucho ruido tanto a delincuentes como a las propias Policías Comunitarias y Rurales. Por eso se entiende que éstas últimas decidieran bloquear la carretera a esa población, como medida de presión para que los militares abandonaran su campamento. Desquiciaron el tráfico vehicular y la paciencia de los automovilistas. Pero eso es lo que menos les importó. Al final, lograron su objetivo, pero con una sola condición: que los militares y la Policía del Estado acompañen a la Policía Rural en sus rondines de vigilancia por esa localidad. De algún modo, se impusieron al gobierno estatal. Porque éste último ha renunciado justamente, a su tarea de brindar seguridad pública a sus gobernados. Y hasta en ese caso, los vacíos se están llenando. 2.- Cuando el gobernador Héctor Astudillo, admite la existencia de “un origen sospechoso” en el bloqueo carretero del pasado martes en Petaquillas, en realidad sembró más dudas que certidumbres. Porque en vez de investigar y decir las cosas con claridad, como debe corresponder a un gobernante que no le tiembla la mano frente a la incidencia del delito, tiró sus palabras al aire para que los ciudadanos las interpretaran a su libre albedrío. Como si cuidara cada frase pronunciada. Fue incluso, más allá: pidiócerrar filas ante “los retos y tiempos difíciles que vive la entidad”. ¿Cómo y de qué manera podrían cerras filas los ciudadanos con el gobierno estatal, cuando los primeros están solos y a merced del delito y de la propia delincuencia organizada, pues ni siquiera el número de emergencia 911 funciona? El gobierno estatal va de mal en peor. Está de cabeza.

HOJEADAS DE PÁGINAS…El que de plano se tiró de tapete ante el presidente Peña Nieto y el gobernador Héctor Astudillo,además de renunciar implícitamente a su papel como dirigente estatal del SNTE, fue Hilario Ruiz Estrada. Resulta que, pudiendo prever el recorte federal al Bono Mensual por Tiempo Completo para trabajadores administrativos de los Cendis ubicados en Acapulco, Tlapa, Chilpancingo e Iguala, se guardó esa información. Cuando su deber sindical consistía enanticiparse a la radicalización del conflicto.  Y apoyar a los administrativos para evitar ese descuento. Esperaba que los trabajadores asumieran agachonamente –como él lo hizo- ese atropello laboral. Con el agravante adicional de que está dejando solos a dichos trabajadores.