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12 de enero de 2017

Tribuna Pública Por Francisco Javier Copeño Castro

Tribuna Pública
Por Francisco Javier Copeño Castro


En días pasados, leímos en una nota periodística que el dirigente del Sindicato Independiente de Trabajadores del Estado y Municipios, Alberto Bahena Jiménez, manifestó que se solicitaría que se homologaran salarios de los trabajadores; nos parece una acción netamente responsable de cuidar los derechos e intereses de los trabajadores. Sin embargo, aquí cabría una pequeña reflexión, por considerar que el asunto no es solamente pedir, solicitar u exigir que se cumplan nuestras peticiones, porque ese es precisamente el problema de muchos asuntos en nuestra sociedad. Al respecto el empresario japonés Carlos Kasuga, dice en una conferencia que el problema real es que nos gusta pedir y exigir, pero no ofrecer algo a cambio. Y pone ejemplos; en Japón cuando se va a sostener un diálogo  con los directivos de las empresas, los dirigentes sindicales dicen; “señores nosotros después de hacer un análisis de nuestros errores, -no exactamente o literalmente como lo dijo- ofrecemos ya no cometer esos errores; qué ofrece la empresa”. Ahí está la clave, la gran mayoría de los trabajadores que integran la burocracia, y sobre todo empleados del gobierno municipal exigen, que se les de mejores salarios, mejores prestaciones, descansos, mayor días de pagos de vacaciones; pero… qué ofrecen ellos. Muchos son flojos, valemadristas, llegan tarde y todavía antes de atender a la ciudadanía en el caso de las damas, llegan a maquillarse y a pintarse las uñas, tomarse su café y hasta después de 40 minutos empiezan a atender a la ciudadanía y de mala gana, con prepotencia, altanería y de manera déspota. Muchas veces abusan de la confianza de sus jefes inmediatos, porque confunden la amistad y confianza, con solapamiento de esas prácticas caducas y nefastas a las que están acostumbrados. A los trabajadores que están bajo la protección de un sindicato, no se les puede decir nada y a veces hacen lo que les viene en gana, porque para eso está su sindicato que lo defiende y protege aunque no tenga la razón. En el gobierno municipal, existen trabajadores que no respetan los reglamentos que establecen que un trabajador debe ser atento y mostrar disposición de trabajo en la dependencia a la que está asignado, pero en Iguala, muchas de las veces el trabajador está donde le conviene y su jefe inmediato no debe decirle nada porque se queja con su sindicato y vienen con el director de área a “defender con todo” a sus agremiados. Por eso la mediocridad en que se mueven, y claro por eso los sindicatos les cobran una cuota para solaparlos y que sigan haciendo lo que quieran en la más completa impunidad. Todo eso se debe terminar, estamos ante una nueva realidad social, donde debemos estar comprometidos con el trabajo que tenemos, la gran mayoría de trabajadores en el gobierno de cualquier nivel se conduce de esa manera porque no existe compromiso de trabajo, puesto que llegan a esos espacios, gracias al amiguismo, compadrazgo y recomendación de políticos que protegen a esa bola de zánganos que lo único que buscan es que alguien les pague por no hacer nada y todavía se dan el lujo de decir; “el gobierno hace como que me paga y yo hago como que trabajo”. Y esas prácticas parecen ser el común denominador en todas las sociedades. A nadie le gusta comprometerse, casi a nadie le gusta cumplir, siempre buscamos que nos den sin ofrecer nada a cambio. Ciertamente que todo trabajo requiere de una remuneración, porque mal estaría un patrón que le gustara que todo se lo hicieran gratis, porque déjennos decirles que los hay. Por eso y dada la declaración del dirigente Alberto Bahena Jiménez de que se homologuen salarios a los trabajadores que representa, debe ir acompañada de una serie de compromisos que deben asumir sus agremiados para la atención de la ciudadanía, ofreciendo mejor atención, mejor prestación de un servicio, tener la disposición de hacer las cosas como se las piden, no faltar a sus obligaciones laborales, estar atento a lo que falte en los lugares que han sido asignados y sobre todo, ser completamente responsables de sus actos. De lo contrario, lo mejor es no pedir nada, si no se va a ofrecer algo a cambio. ¡Hasta la próxima y salud!