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11 de enero de 2017

Tribuna Pública Por Francisco Javier Copeño Castro

Tribuna Pública
Francisco Javier Copeño Castro


¿Qué tal hipotéticos lectores? Ya estamos de regreso después de unas inmerecidas, pero necesarias vacaciones… ¿Dónde escuché eso? ¡No importa! Ahora sí que estuvieron largas; -las vacaciones- tanto así que escuchamos que andaban unos “comunicativos”, diciendo que El Diario de la Tarde ya no iba a salir y no sabemos que tantos chismes más, pero dicen que cuando algo le deseas mal a alguien el karma resulta letal contra ti. Lo cierto este nos dicen que éste su periódico favorito seguirá dando lata a quienes les escose el asterisco cada vez que sale a la luz, porque gracias al equipo con que cuenta este medio de comunicación, se ha ganado un espacio en la sociedad que no cualquiera y es cierto. Por lo que respecta a nosotros, seguiremos dando lata también el tiempo que Dios nuestro Padre Celestial y Creador del Universo, además de El Compita, Director General de éste diario lo permitan. Y antes de entrar en materia acostumbrada, queremos enviar una felicitación a todos aquellos que ejercen la noble pero difícil actividad del periodismo; quienes día a día están al pendiente de los acontecimientos habidos, para llevar la información veraz, objetiva a todos los lectores que hacen posible que los medios de comunicación existan. ¡Felicidades a todos los periodistas en su día 4 de enero! Por cierto gracias a ellos nos enteramos del gran descontento nacional que existe con eso del aumento a la gasolina, que dicho sea de paso, trae de cabeza a la clase política de nuestro país. Desgraciadamente, vemos con tristeza que las protestas siempre se dan después de ahogado el niño, puesto que mientras no se concretaba el asunto del aumento a los hidrocarburos, nadie decía nada. Los diputados y senadores aprobaron dichas medidas y son ellos los principales responsables de dichas medidas y sus respectivos partidos también, puesto que nunca los llamaron a cuentas para saber y fijar posturas, siempre se actúa de manera unilateral, sin tomar en cuenta al pueblo y mucho menos pensar en su bienestar. Lamentablemente tenemos un sistema presidencialista, donde lo que mande el ejecutivo al legislativo lo aprueban sin darle la importancia debida y cuidar que el impacto no lacere a la gran mayoría de la ciudadanía. Los diputados y senadores ganan cifras estratosféricas que bien pueden bajarse en un 70 por ciento y seguirán ganando mucho en comparación con el resto de la población.  Si en verdad se quiere terminar con dichas prácticas, se debe convocar a un nuevo constituyente y mandar a la fregada a toda esa bola de zánganos que no sirven para nada y estamos hablando de todos los partidos políticos, porque son ellos los que más reciben dinero público que debería servir para obras y mejores servicios a la ciudadanía. Afortunadamente poco a poco el pueblo va despertando y exigiendo cuentas, y es por eso que el gobierno debe frenar su voracidad y reducir sus gastos de operación, es decir sueldos, gastos ostentosos, innecesarios, como seguros contra todo, porque ese recurso hace falta en aplicaciones de servicio social. La gente que se dice de izquierda y que cobra como de derecha, son unos hipócritas, porque solo ven sus muy particulares intereses, existen personas nefastas que se escudan en luchas sociales y que están llenas de estiércol que apestan. Por eso debemos fijarnos bien, quienes están en el poder y quienes aspiran a estar solo por capricho, cada quien tuvo su tiempo y sabemos de sus capacidades y sus ambiciones, por lo que debemos estar atentos en las próximas elecciones y fijarnos en las personas, no en los partidos, porque todos están cortados por la misma tijera; las personas que aspiren a un cargo político, deben ser ejemplo en todos sus aspectos para que tengan calidad moral de pedir el voto; y aquellos que ya han estado y han sido soberbios, ratas, vividores del erario público, hay que decirles que se vayan a la chingada, porque ya sabemos cómo trabajan. Hay más, pero por el momento con esto los dejamos, en otra colaboración le seguimos, porque de que hay más tela de donde cortar, eso que ni qué… ¡Hasta la próxima y salud!