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12 de enero de 2017

Abrevando Por José Antonio Lavín Reyna

Abrevando
José Antonio Lavín Reyna
“Aquellos que renuncian a su libertad a cambio de seguridad, no merecen ni libertad ni seguridad”: Benjamín Franklin

Las semillas de la discordia.
Ante las decenas de protestas en todo el país por el aumento en las gasolinas, saqueos, violencia física, confrontaciones políticas, libertades en riesgo por debilidad institucionales, estatales y federales nos llevan a la pregunta: ¿si el México Bronco que tanto temía despertara Jesús Reyes Heroles lo hizo? Como presidente del PRI a mediados de los 70’s, dijo: “El respeto y la convivencia pacífica en la Ley, son las bases para el desarrollo, las libertades y posibilidades de progreso social. En cambio, la intolerancia absoluta sería el camino seguro para volver al México bronco y violento. Si eso sucediera, lo aprovecharían quienes pretenden un endurecimiento del gobierno, exponiéndonos al fácil rompimiento del orden estatal y del orden político nacional”.
Lo que parece incongruente es la postura de muchos sectores de la población-Pueden desaparecer cuarenta y tres estudiantes, puede haber salarios de miseria con los que nadie subsiste, o peor aún, puede haber sesenta millones de mexicanos que están muriéndose de hambre- y todo eso es visto con indiferencia por gran parte de la población. Eso puede esperar, pero el precio de la gasolina no. Ahí están descritas nuestras prioridades como sociedad.
Lo que los mexicanos nunca entendimos fue que el petróleo nunca en realidad perteneció y sirvió al pueblo, sino que fue de los gobiernos, del sindicato de esa empresa, de sus directivos, funcionarios, líderes, contratistas y de los trabajadores, que gozaron y aún lo hacen de los privilegios sindicales, amparados en el manto de las intocables conquistas sindicales, bueno hasta de vender o heredar su plaza y que fueron durante años tapaderas de la corrupción. 
El “gasolinazo”  es quizás el mejor resumen del fin de los “logros” del sistema político surgido de la Revolución Mexicana, la que ocurrió entre 1910 y 1917, basados esencialmente en la corrupción, la impunidad y el cinismo. Uno de sus próceres fundadores, Álvaro Obregón, se jactaba en señalar que nadie resiste un cañonazo de 50 mil pesos (de entonces), advirtió quien presumía de su “honestidad” porque él sólo tenía una mano para robar, mientras sus amigos y enemigos tenían dos.
El cobro de las facturas de años de corrupción e impunidad inició en el área de la que los mitos priistas afirmaban que era de todos los mexicanos: el petróleo. Resulta que finalmente la gallina de los huevos de oro (la misma que en los años 70 y 80 del siglo pasado se presentó como la base de la “administración de la riqueza”) dejó de ponerlos. La empresa de “todos” los mexicanos quebró, aunque algunos “patriotas” utilizan el eufemismo de que fue saqueada. Sí, el saqueo (la corrupción, es decir) provocó su quiebra. Nos volvieron a saquear (y apenas hoy la mayoría de los mexicanos quiso darse cuenta) contra la promesa de José López Portillo, hecha en 1982, golpeando la tribuna de la Cámara de Diputados (la más alta de la nación, dicen o decían los cursis), autodefinido como “el último Presidente de la Revolución Mexicana” y en realidad cabeza de uno de los gobiernos emblemáticos de la corrupción nacional, como los demás, esa que molesta a los mexicanos cuando se recuerda que no sólo es condición de los gobernantes y políticos, sino también de quienes interactúan con ellos… muchos de los ciudadanos que hoy sufren la quiebra técnica de Petróleos Mexicanos.
Son ciertos todos los datos de los expertos para explicar el llamado gasolinazo: que la carga fiscal (soporte de los presupuestos federales deficitarios) en los precios de los combustibles y en las actividades empresariales de Pemex, que los subsidios a los precios, que los costos de producción, que la falta de refinerías y tecnologías, que la importación de gasolinas y el precio internacional del petróleo, que los costos de distribución y los pasivos laborales (las prebendas al sindicato y, por supuesto, también a los directivos y a los funcionarios).
No son muchos los que se han referido a la corrupción como elemento esencial de la factura que se nos cobra hoy con el gasolinazo. Pero, la corrupción y su impunidad están detrás de toda la lista del párrafo anterior.
Algo Más…
La apuesta del sistema para neutralizar la indignación ciudadana es la utilizada en otros oprobios colectivos como Ayotzinapa, Nochixtlán, la compra del voto y el despojo del petróleo con daños colaterales: infiltrar la protesta con porros a su servicio para denostarla, dejar que se enfríe el enojo, tender cortinas de humo o incluso “negociar” con los disidentes, simulando un cambio para que todo siga igual.
La protesta no basta, pero sirve mucho porque concientiza al pueblo que coincide notablemente en que la mejor opción es cambiar al régimen, promotor del actual modelo gubernamental y causante de esta catástrofe económica; por la única vía consecuente: la pacífica y electoral si se respeta la voluntad ciudadana y la verdadera democracia.
En  Iguala, pasaron de noche los movimientos por el gasolinazo, para darnos cuenta de nuestra pasividad. Pongo el ejemplo de Carmen Salinas, a quien tundieron por decir su burrada. Aquí nadie comentó que nuestro Alcalde hasta aplaudió y felicitó a Peña Nieto por el gasolinazo. Vaya en nuestra ciudad a pesar de la propuesta del Presidente Peña Nieto para apaciguar a través del Acuerdo para el Fortalecimiento Económico y la Protección de la Economía Familiar, que es, como muchas otras de sus acciones, reactiva e improvisada, un acuerdo elaborado al vapor para cubrir la falta de cálculo al no haber previsto la reacción en el país, no se aplica: subió el bolillo y el pan dulce, el kilo de tortilla y de la masa, las garnachas, los atoles y menos aplica la reducción de salarios del presidente y de sus funcionarios hasta el segundo nivel. Mucho menos habla de reducción del personal. Por eso en Iguala, nuestro alcalde le apuesta a la Feria y lo pasivo de sus habitantes que todo soportan.
CCXLXXIII.  Insisto: tan pronto se retiró la Policía Federal, se incrementaron los hechos delictivos: asaltos a cuenta habientes, a casas habitación, robo de motocicletas y autos. Y dice nuestro presidente que todo es bonito, bello y seguro en Iguala. Usted lo cree?

Doctor Herón Delgado, el servicio de Limpia es pésimo; tarda hasta diez días en pasar. Eso en las calles del centro. Me imagino que en las colonias y periferia debe ser más inconstante el servicio. Un buen tesorero no es el que no gasta. Por ello, los carros de Limpia no salen a trabajar; todos descompuestos. Las calles obscuras, por no comprar los focos. En fin, no siempre no gastar es la mejor opción para el pueblo.