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11 de enero de 2017

Abrevando Por José Antonio Lavín Reyna

Abrevando
José Antonio Lavín Reyna

¿Habrá unidad del pueblo ante la crisis que se nos viene?
El aumento brutal al precio de las gasolinas al empezar 2017 y luego su “liberalización” a partir de febrero, así como el alza de los impuestos, el incremento del precio del agua, del alumbrado público, la electricidad, etcétera, más las amenazas de Donald Trump hacia México, serán como encender un cerillo en un llano seco. Todos los pronósticos coinciden en que el próximo año será fatal para México.
¿Qué podemos hacer los ciudadanos para sortear o responder al vendaval que se avecina? Se pueden hacer muchas cosas para tratar de cambiar el rumbo o de mitigar el impacto de algunas medidas. Pero, lo sabemos, serán muy pocos los ciudadanos que se atrevan a hacerlo. Habrá protestas y marchas callejeras en algunas ciudades y entre algunos grupos, pero el resto permanecerá callado.
Es complejo que un pueblo o los ciudadanos en general decidan rebelarse y oponerse a un fenómeno como una crisis económica como la que vendrá, por más que afecte sus condiciones de vida. Hay muchos factores que lo impiden. Uno de ellos, el principal, es el asistencialismo de los gobiernos federal y estatales, ya que millones de familias viven del erario público, del cual reciben dinero en efectivo a través del programa Progresa principalmente y Salud a través del Seguro Popular, generalmente el monto de lo distribuido se calcula en base a los miembros de la familia,  existen familias que reciben cerca de ocho mil pesos cada bimestre, más el monto de las becas escolares, la única obligación de las familias es asistir a las reuniones programadas, en las cuales se les lava el cerebro, recalcándoles que la dadiva que reciben es por votar a favor de las acciones del partido en turno, estas pláticas lavativas inciden sobre la falta de memoria colectiva sobre los errores y las políticas económicas del gobierno. Por más que un partido gobierne mal, muchos ciudadanos siguen votando por él.
Segundo, por la dificultad entre los ciudadanos de “relacionar” una crisis con el partido que gobierna, o de relacionar nuestra situación particular con las políticas económicas o sociales que aplica el Gobierno, ya sea federal, estatal o municipal. Se cree que no son cosas que están vinculadas.
Tercero, por la creencia extendida entre el pueblo, y alimentada por los medios de comunicación y la clase política, de que las crisis son inexorables, es decir, que se haga lo que se haga son inevitables. No hay nada que se pueda hacer. Son variables que escapan al control, fenómenos inexpugnables que superan la fuerza y la voluntad de los gobiernos y los agentes económicos.
Cuarto, por un conjunto de factores como la falta de organización y de participación política de los ciudadanos; por el peso enorme que tiene el fatalismo en la cultura de muchos grupos sociales (“por algo suceden las cosas”), por un optimismo falso que alimenta la literatura barata (“México siempre ha salido de sus problemas”), por el peso de la resignación y la falta de horizonte a que lleva la precariedad de la vida y una larga historia de carencias sociales y educativas.
En México hay una parte de la sociedad que quiere cambiar, pero hay otra, la gran mayoría, que lo impide. La democracia electoral y la alternancia no han cambiado esta situación. La inmensa mayoría del “pueblo mexicano” no sabe cómo luchar desde el ámbito institucional o desde el campo político. Desconfía de las instituciones, de los partidos, pero también de los demás, se atiene a su suerte y no cree en los proyectos colectivos.
Una crisis tras otra, el ciudadano mexicano sigue votando por los mismos partidos que ya en el gobierno definen políticas que lesionan sus intereses. Así ha venido sucediendo en México desde el siglo pasado.
No es tan simple desde luego pero, para decirlo sucintamente, una salida a la crisis o una forma de buscar otras alternativas, consiste en votar por partidos distintos al PRI,  al PAN, al PRD, así como ejercer un mayor control y vigilancia en la clase política. Es decir, cambiar a quienes nos gobiernan.
Algo Más…
“Al mal tiempo, buena cara”, dice el refrán. Es buen consejo, aunque esta vez hace falta algo más que actitud positiva. Este año se va a requerir esfuerzo e ingenio para que nos vaya bien.
El problema es más de fondo. Una economía que crece poco y excluye a muchos está en la raíz de los muchos males. Un Estado incapaz, capturado y fragmentado, no puede controlar la violencia y no puede garantizar los derechos de todos.
Tenemos un presidente municipal arropado en los medios de comunicación, que aplaude a Peña Nieto, que le agradece de todo corazón el haber elevado el precio de la gasolina, del diésel, del gas LP, de la energía eléctrica, las cuotas de las casetas de peaje, ya que debido a ello, podrá contar con más dinero para gastar en el municipio. Es más, ya se comprometió a que le pondrá pasto sintético a las canchas 1 y 3 de la unidad que lleva el nombre de su hermano, situación que raya en la estulticia y estupidez, ya que existen problemas más serios en el municipio, que hacer obras de oropel.
Por eso que viva Peña Nieto. De esta manera los medios de comunicación seguirán comiendo con manteca. Por cierto, nada digo acerca de rebajarle y rebajarse el sueldo en un 20% mínimo, en reducir el número de empleados que nada tienen que hacer en la nómina. De eso nada habló nuestro presidente.
Además está muy confiado y espera que con la Feria la gente olvide el siguiente aumento del 8% adicional a la gasolina y a partir del 18, dicho incremento será diario, al igual que el gas LP.
CCXLXXII. Por cierto, tan pronto se retiró la Policía Federal, se incrementaron los hechos delictivos: asaltos a cuenta habientes, a casas habitación, robo de motocicletas y autos; y dice nuestro presidente que todo es bonito, bello y seguro en Iguala. Usted lo cree?

Pese todo, mis mejores deseos para este Año 2017.