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10 de febrero de 2017

Abrevando Por José Antonio Lavín Reyna

Abrevando
José Antonio Lavín Reyna
“Los hombres creen buscar sinceramente el reposo, y en realidad no buscan sino agitación”: Blaise Pascal

Centenario de la Constitución.
Tomando como referencia el centenario de la Constitución de los Estados Unidos Mexicanos, se escribieron en periódicos locales y regionales  bastantes columnas acerca de ese tema, de entre esos muchos, tomo de la escrita por Sixto Duarte, algunos párrafos ya que a mi parecer toca temas torales acerca de lo que los constituyentes de 1917 pretendieron lograr en la aplicación de la misma.
La columna en cuestión señala: “La brecha entre ricos y pobres estaba muy marcada. La desigualdad era muy profunda. La tierra estaba en manos de unos cuantos. Las empresas extranjeras explotaban los recursos naturales y mantenían inversiones en sectores estratégicos. La Iglesia se entrometía en asuntos de Estado. Los obreros eran abusados por parte de sus patrones. No existían programas educativos claros. Había una enorme impunidad en todo el territorio nacional, convirtiéndolo en un Estado prácticamente ingobernable”. Continua el columnista: “Quien lea estas breves líneas pudiera pensar que nos referimos a las condiciones del México actual. En realidad el columnista, se está refiriendo a las condiciones del México de principios del siglo XX, mismas que hicieron posible que el pueblo se levantara en armas y provocara una Revolución que terminó por derrocar a Porfirio Díaz”.
En el mismo tenor, quien redacta la columna presupone que es por todos conocidos que: “Díaz llevaba más de treinta años en el poder. La Iglesia educaba, y había sido aliada del porfiriano. Los campesinos padecían un sistema casi feudal, en el cual, además de no contar con tierra para producir, prácticamente estaban sujetos a la potestad del latifundista por medio de las “tiendas de raya”. En el ámbito obrero, la explotación de los trabajadores provocó las huelgas de Rio Blanco y Cananea”.
A continuación expone que “El poder constituyente, encargado de crear una Constitución, toma en cuenta los valores políticos y sociales predominantes de la época. Igualmente, toma en consideración la idiosincrasia del pueblo, de ahí́ que muchas demandas de la época se convirtieron posteriormente en luchas que terminaron traduciéndose en la promulgación de tres artículos constitucionales: el 3 que establece la gratuidad y laicidad de la educación, el 27, que dispone el reparto agrario, y el dominio de la Nación sobre los recursos, y el 123 que otorga derechos laborales en favor de los obreros. Es decir, la Constitución en gran medida va narrando la historia de nuestro país”.
Para agregar que, pese a que pasaron cien años de la promulgación de la Constitución., de manera desafortunada, un enorme sector de la población desconoce qué se celebraba el 5 de febrero. Este es un ejemplo de que el sistema educativo ha fallado. El anhelo del constituyente de ver a un pueblo completamente educado todavía no se ha cumplido. Yo le agregaría que el colmo es que la mayoría de los diputados desconoce el contenido de los artículos, el número de ellos y ellos son quienes a lo largo de los 100 años han modificado el texto original, que vergüenza, más aún que cobran por ser diputados, por eso es necesario que sepamos elegir y no llevar gente poco preparada al Congreso.
Retomando la columna, señala “Otro anhelo del constituyente era ver una república federal donde la división de poderes fuera efectiva. Por muchos años el Ejecutivo ejerció́ facultades meta-constitucionales, aun y cuando esto implicara una intromisión en otros poderes o una restricción a la soberanía de los Estados. Con el paso del tiempo, la división de poderes en el país ha sido cada vez más evidente. Sin embargo, los Estados siguen en gran medida supeditados a las decisiones que se toman en el centro del país, convirtiendo el vocablo “federal” en una intención más que en una realidad. Luego agrega “La retórica constitucional era una y el ejercicio del poder era otro. En la actualidad, el deseo de que México sea un Estado federal no se ha cristalizado.
Otra lucha fue combatir las precarias condiciones de vida de obreros y campesinos en el México de principios del siglo XX. Es innegable que hay avances, pero ¿han sido suficientes? ¿Han alcanzado los obreros condiciones que les permitan proveer para sus familias?
La pregunta sería: ¿Estamos mejor que hace un siglo? La respuesta es obvia, México es un mucho mejor país hoy que hace cien años. Por la introducción de la presente entrega pudiéramos pensar que no es así́, que seguimos estancados en donde mismo. Eso se debe a que la historia es cíclica y determinadas condiciones se pueden repetir de manera indefinida.
Por último termina citando a  Luis Maldonado Venegas, que entre otras cosas señalo que: “a los constituyentes de 1824 les correspondió́ fundar las bases de un Estado federal, libre y soberano; al movimiento liberal de 1857, consolidar las estructuras republicanas y proclamar las libertades individuales. A los promotores e ideólogos de la carta fundamental de 1917, proclamar los derechos sociales”. Las constituciones organizan el Estado y el poder público, y garantizan la plena libertad del ciudadano. La nuestra, además, es la voz suprema de la Patria. Hasta aquí.
Algo más…
México, como país independiente, ha sido un Estado débil. Porfirio Díaz desvió el postulado de la Constitución de 1857, al suponer que se requería un ejercicio del poder que pudiera controlar toda clase de intentos subversivos que pusieran en riesgo la unidad nacional. Ahora de manera cíclica vuelven los cantos de la sirena a hablar de la Unidad Nacional, cuando todos sabemos que los Estados Unidos de América nunca nos invadirán nuevamente, sólo es aprovechar el momento para hacer política y elevar los niveles de aceptación de los gobernantes y partidos políticos. Cuidado con eso.

CCXLXXXI.-En Iguala, sólo hay unidad en torno al dinero, el alcalde y sus amigos; se están adjudicando todas las obras, haciendo caso omiso a la transparencia. Ahora sólo le importa al gobierno del estado y al municipal, que la gente olvide el grave  problema de seguridad que se vive. El económico no importa. Cientos de familias quedarán felices con un espectáculo de artistas de segundo nivel, que saldrán muy caros. Pero qué importa, al pueblo darle CIRCO y ya.